Esto es una lista de algunos temas dados y temas posibles para la presentación de próximos Vinos Filosóficos…

“Despertando nuestra actitud filosófica…” Partimos aquí de la premisa de que “todos somos filósofos, pero lo hemos olvidado o no tenemos este rol suficientemente presente”. Por eso la invitación a esta actividad tiene por finalidad motivarnos a revisar y recuperar nuestra actitud filosófica, esto es, nuestra capacidad de asombro, ocio, escucha, sospecha… Recuperar el niño…, el “comodín” que llevamos dentro para ser algo más que “simples figuras” del mazo de la existencia…
Se entenderá que no estamos hablando de la juventud como una etapa cronológica sino como actitud vital, como un modo de instalarse existencialmente frente a las cosas y los otros. Es una invitación para “volver a ver”, para “ver de nuevo”, así como con Antoine de Saint Exupéry, el autor de El Principito, se descubría un elefante digerido por una boa allí donde la mayoría solo llegaba a visualizar un sombrero…
“Asombrarse ante la existencia, no es algo que se aprende, es algo que se olvida” afirma Jostein Gaarder (filósofo noruego autor de “El mundo de Sofía”). De tomar conciencia de esto se tratará este encuentro…
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Recuperando el “asombro” como disposición original…

Te invito con la intención de que recordemos o incluso recuperemos la memoria…; sí la del “niño curioso y juguetón” que llevamos dentro. Se entenderá que no estamos hablando de la juventud como etapa cronológica de la existencia sino como actitud vital, como un modo de instalarse existencialmente frente a las cosas y los otros. Es una invitación para “volver a ver”, para “ver de nuevo”. Así como con Antoine de Saint Exupéry, el autor de El Principito, que descubría un elefante digerido por la boa, allí donde la mayoría solo llegaba a visualizar un sombrero…
“Asombrarse ante la existencia, no es algo que se aprende, es algo que se olvida” Jostein Gaarder (autor de “El mundo de Sofía”)

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En el fondo de la caverna de Platón.

La famosa alegoría que Platón presenta en su libro de “La República” es una imagen formidable que, tras muchos siglos de historia, puede seguir facilitándonos el análisis de nuestro tiempo en torno a temas como la libertad y, especialmente, la verdad.
Platón pensó aquél relato de alto contenido pedagógico (esos prisioneros sentados en el fondo de una caverna mirando las sombras proyectadas en el fondo) para mostrar el camino que va de la ignorancia a la sabiduría, de la esclavitud a la emancipación y entendía que el largo ascenso de la oscuridad a la luz era el destino de “los aristoi”…, los mejores…, los filósofos, enamorados por definición, de la verdad. Para él, alcanzar este conocimiento, era el resultado de un proceso de ascenso cognitivo pero a la vez, espiritual.
Sócrates ya había puesto el acento en el reconocimiento de la propia “ignorancia” como clave de toda búsqueda auténtica y Protágoras, el sofista, había hecho temblar todos los cimientos con su afirmación de que “el hombre es la medida de todas las cosas…”. Pero la discusión del tema ya había empezado antes, con la idea del ser único y acabado que planteaba Parménides frente a la realidad como un fluir inagotable que sostenía Heráclito “el oscuro”…
Dos milenos y medio después, en el escenario posmoderno, ¿qué será para nosotros la verdad? ¿Es posible alcanzarla en medio de “la sociedad de la comunicación generalizada”? ¿Será una verdad única, oculta tras los velos de la información y la publicidad, o una construcción social, resultado de los múltiples juegos del discurso? ¿Existen verdades universales o se configuran según el cristal con que se mire? ¿Hay una realidad última y verdadera o estamos más bien en medio de una multiplicidad heterogéneo, pluricultural, históricamente situada y abonada por las culturas que la configuran…? ¿Podemos salir del fondo de la caverna hacia la radiante luz de la verdad o pasamos de una caverna a otra, quizás con más aire y luz pero siempre limitada…?
Los esperamos en este próximo vino filosófico para indagar juntos, socráticamente, que es esto de “mi verdad”, “tu verdad”, “nuestra verdad”, la verdad…, la VERDAD… , La verDAD… , la VERdad…, l a v e r d a d…, La VeRdAd…

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¿Nos podemos permitir ser felices…?

Dice el pensador francés contemporáneo, André Comte-Sponville, en su libro “La felicidad, desesperadamente” que “no somos felices a veces porque todo va mal…-pero agrega además que muchas veces- no somos felices, aunque no siempre porque todo va mal. También ocurre, y con mayor frecuencia, que no somos felices ni siquiera cuando todo va más o menos bien, al menos para nosotros…”
¿Qué nos pasa? Muchas preguntas entonces se me agolpan y te las comparto: ¿estamos “llamados” a ser felices o a hacer felices a los otros? ¿tiene “precio” la felicidad?; ¿es la felicidad resultado del azar o fruto de una tarea…?; ¿el costo a pagar para “ser felices” en la sociedad de alto consumo será el de la alienación…?
Voltaire ironizaba diciendo que “buscamos la felicidad sin saber donde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo confusamente que tienen una” en tanto Goethe sostiene que “el que produce con alegría y se alegra de lo producido es feliz”. Te invito a preguntarnos juntos sobre este tema donde pareciera jugarse el sentido último de la existencia personal…

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¿Y si mejoramos nuestra comunicación con los otros…?

La comunicación es consustancial a nuestra naturaleza lingüística…; somos “animales discursivos”.
“No es posible no comunicarse” dice Paul Watzlawick en su 1er. axioma de la comunicación humana…, ¿pero que mal que lo hacemos no? ¿Por qué resulta tan difícil entender al otro o hacerse entender por él…?
Por eso queremos en este encuentro revisar “cómo decimos lo que decimos” y “cómo entendemos lo que nos dicen”.
Sí, ponemos el acento en la detección de dificultades en la comunicación interpersonal porque estamos convencidos de que, si podemos ayudar a clarificar el pensamiento y la comunicación, evitaremos muchos malos entendidos y mejoraremos nuestros vínculos con los otros.